¿Y si no fuese oro todo lo que reluce?, @AndrésBauzá


El oro es una clase de activo que genera posicionamientos encontrados dentro del mundo inversor, junto con las criptomonedas quizás sea el que más radicaliza las opiniones que se vierten sobre él. Es odiado o amado, siempre con una componente emocional excesiva que no suele ser un buen indicio para procesos sistemáticos en los que basar nuestras estrategias de inversión.

Desde la comunidad financiera se han promovido interpretaciones simplistas del comportamiento del oro dentro de una cartera y como casi siempre que se intenta resolver problemas complejos con soluciones sencillas; los efectos finales son de desconcierto cuando la cruda realidad pone todo en su lugar. El oro no es un protector contra la inflación en cualquier situación y circunstancia, para entenderlo debemos profundizar algo más en su razón de ser.

El oro ha demostrado ser capaz de retener su poder adquisitivo durante largos periodos de tiempo, es por lo tanto una reserva de valor (dinero). Las expectativas de tipos de interés reales y los cambios en los precios de la energía a largo plazo explican más del 80% de los movimientos del precio en el oro. Otros aspectos que influyen en su valoración son las políticas monetarias y los movimientos especulativos. Es importante resaltar dos aspectos trascendentes que servirán para dar luz al misterioso comportamiento del metal dorado, su valoración no está ligada directamente a la inflación y si a las previsiones de cambios en los tipos de interés reales (Tipos nominales - inflación). Es decir podría incrementar o disminuir su precio tanto en periodos desinflacionarios como inflacionarios, de hecho la última gran revalorización de su precio se produjo en un entorno desinflacionario.



Y si no es una protección frente a la inflación, ¿por qué incluirlo en una cartera de inversión? El oro es un magnífico diversificador por la descorrelación que muestra a largo plazo tanto con la Renta Fija como respecto a la Renta Variable, mejorando con su inclusión los ratios de rentabilidad/riesgo de cualquier estrategia equilibrada. Compite con el dólar y otras monedas como reserva de valor, cuando se pierde confianza en las mismas se busca refugio en el oro y además en aquellos casos de inflación duradera y desbocada (el ritmo de incremento de los precios es muy superior al de los tipos de interés) sí que ejerce una labor protectora de nuestro patrimonio. Actualmente las previsiones a medio plazo son al revés, los tipos reales cada vez más positivos, de ahí que el precio del activo esté disminuyendo.

La relación con el dólar y los tipos reales americanos está meridianamente clara, incluso para un inversor internacional que tenga una cartera basada en índices globales el peso de la economía estadounidense en los mismos es mayoritario por lo que la función descorrelacionadora del oro seguirá siendo muy efectiva. ¿Qué sucedería para el caso de estrategias basadas en economías locales tipo la Cartera Permanente?

En general los resultados son excelentes en todas aquellas economías fuertes, con divisa sólida y deudas de la máxima calidad crediticia. La globalización de la economía ha permitido que los desajustes sean puntuales y leves. De todas formas por el perfil del inversor conservador deberíamos plantearnos que podría ocurrir si la dinámica de desglobalización avanzase, sobre todo en plazos cortos de tiempo para los que este tipo de actor podría necesitar rendimientos razonables.

Si el principal driver de la valoración del oro son las previsiones de los tipos reales americanos y estos se desajusten respecto a los de la economía local en la que basas tu distribución de activos siguiendo la teoría del ciclo económico:




Como se puede observar desde el 2013 hasta la actualidad los tipos reales en Europa y EEUU han divergido más de lo habitual y aunque haya sido en un periodo corto puede resultar trascendente para inversores cuyo horizonte de inversión sea relativamente inmediato. De hecho desde el 2013 los inversores en Cartera Permanente europea han acumulado consecutivamente los peores resultados en periodos corridos de 5 años desde 1970.



Fuente: Portfolio Charts


Ante esta disyuntiva el inversor no americano se puede plantear alternativas para realmente disponer de una estrategia diversificada que se adapte a las diferentes fases del ciclo económico:

  • La primera y más obvia es centrarse en activos estadounidenses, no obstante existe el riesgo de que en algún ciclo sus rendimientos se viesen significativamente mermados por el riesgo divisa. Observemos el periodo 2003-2007, la economía crecía entre las crisis puntocom y financiera, mientras el dólar se devaluaba respecto al euro pasando de una relación Euro/Dólar de 1,05 hasta 1,47.

Portfolio 1: Cartera Permanente americana (en dólares), periodo 2003-2007

Fuente: Portfolio Visualizer


La realidad para un inversor europeo en este periodo de 5 años, descontada la inflación y la conversión de divisa, es que su rendimiento hubiese sido nulo en una etapa de expansión económica.

  • Otra opción sería encontrar activos sustitutivos que pudiesen ejercer una función parecida al oro, los bonos ligados a la inflación se podrían asemejar al mostrar una relación directa respecto a las expectativas de tipos reales. Nos encontraríamos con el inconveniente de que su volatibilidad es bastante inferior por lo que para simular su efecto deberíamos aproximarlas suprimiendo efectivo, esta decisión tiene consecuencias importantes al no disponer del mismo en periodos recesivos donde el resto de activos pierde valor y sirve tanto para disminuir drawdowns como para poder adquirirlos a precios más reducidos.


Fuente: Portfolio Visualizer


Quizás la mejor opción sea diversificar entre carteras de diferentes áreas geográficas, de manera equiponderada entre aquellas cuya divisa sea considerada reserva de valor histórica y aquellas en las que no, consiguiendo atenuar el efecto divisa y la descorrelación del comportamiento del oro respecto a lo tipos reales:



En resumen, el oro sigue siendo un activo de gran valor en una estrategia conservadora, el hecho de que ofrezca protección frente a ciertos escenarios económicos que son favorables para este, pero negativos para otro tipo de activos lo convierte en una pieza clave.
Es interesante conocer los fundamentos de su cotización para entender su comportamiento y poder tomar las decisiones más adecuadas, obviar lo que puede suceder no evita que acabe ocurriendo. La mejor opción para un inversor prudente frente a la impredecibilidad del futuro comienza y termina en la diversificación.


Andrés Bauzá (Madrid, 1968) es Ingeniero de Caminos de formación y cuenta con más de 20 años de experiencia como Director Comercial y Territorial en el Sector de la Prevención de Riesgos Laborales. En la actualidad vive semi retirado en Palma de Mallorca disfrutando de sus intereses; literatura, cine, psicología... e inversión.


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